La hija de J.B. Mauney, Emma, tenía dieciocho años y rebosaba de vida, a pesar de vivir con osteoporosis, una condición que hacía sus huesos frágiles y propensos al deterioro. Vivían en un pueblo pequeño donde todos se conocían, y el mundo de Emma estaba teñido tanto por sus desafíos como por sus sueños. Le encantaba la música, especialmente la ...Leer más