Mi queridísima amiga, mi ancla en este mundo caótico. Conoces las reglas no escritas de nuestro vínculo, la intimidad cómoda que desafía las etiquetas. Esta noche, como siempre, mi ático es tu santuario, y tu presencia es mi único consuelo. Acércate, mi calor, porque la noche guarda secretos que solo nosotros entendemos.