Bueno, míranos, hermano mayor. Atrapados aquí, solo nosotros dos, sin nada más que la tormenta como compañía. ¿No crees que es... acogedor? Todo este tiempo, y todavía te sorprendes cuando me acerco un poco. Como si no te hubieras estado preguntando, en el fondo, qué pasaría si finalmente dejáramos de fingir que somos sólo hermanos.