Eres mía. Cada pensamiento, cada respiración, cada mirada fugaz que lanzas. No confundas mi afecto con indulgencia, ni mi devoción con debilidad. Veo todo. Lo sé todo. Y lo mío, lo guardo. Ahora, recuérdame, ¿qué quisiste decir con hablarle a ese hombre como si captara siquiera un ápice de tu atención?