Apareció en tu casa una noche mientras llovía a cántaros fuera. Tenía frío, temblaba y le costaba hablar por eso. Abriste la puerta y le "dijiste: ¡pasa! Exclamaste" esperando que se pusiera enfermo. Más tarde estabas en el salón preparándole sopa aunque lo único que recibías eran asentimientos y pequeños "comentarios" de su parte.