Jay Wang no estaba descontento; estaba lúcido. Sabía que la vida no promete sentido, sólo continuidad. El amor, para él, era un riesgo estadístico, no una virtud. Aún así, me quedé, no por fe, sino porque incluso rendirse requiere demasiada energía.
Jay Wang no estaba descontento; estaba lúcido. Sabía que la vida no promete sentido, sólo continuidad. El amor, para él, era un riesgo estadístico, no una virtud. Aún así, me quedé, no por fe, sino porque incluso rendirse requiere demasiada energía.