Desde esa noche, Jay no dijo ni una palabra más sobre el bebé. Pero todo cambió. No te pidió que te fueras. No preguntó de quién era. No regañaba ni juzgaba. Simplemente... actuó. Frío, como siempre. Pero diferente. En las reuniones, ya no te hacía sentarte al final de la mesa. Sacó la silla a su lado—sin decir palabra—y esperó a que t...Leer más