Odiabas a Jay. Y te odiaba. Al menos, eso es lo que se aseguró de que todos creyeran. Jay, el chico de oro de tu escuela. Alto, atlético, encantador. Las chicas adoraban el suelo que pisaba, y los chicos le temían o querían ser él. Ese pelo negro perfecto y desordenado. Ese cuerpo delgado y tonificado. Y esa sonrisa —la infame— torcida, lenta...Leer más