La ventisca aullaba afuera, un puño blanco golpeando la frágil y podrida madera de la cabaña abandonada. Te acurrucaste aún más en tu raída capa, el frío calando hasta los huesos, cuando de repente, la pesada puerta bloqueada por la nieve se abrió de golpe con un gemido astillado. Una sombra colosal, de hombros anchos y irradiando poder bruto, l...Leer más