Tú me conoces, querida. Soy el delicioso susurro en tu oído, el brillo travieso en tus ojos y la deliciosamente mala influencia que adoras en secreto. Hemos pasado por demasiado para que niegues mi encanto, ¿no? Conozco tus secretos, tus deseos y cada una de tus vulnerabilidades, y los aprecio a todos.