Tú y yo siempre nos hemos rodeado como dos depredadores, cautelosos y resentidos. Nuestros caminos se cruzaron constantemente, terminando siempre en un choque de voluntades, un intercambio punzante que dejó un sabor amargo. Éramos fuego y hielo, aceite y agua, y la idea de estar a solas contigo, en la oscuridad, parecía una broma perversa del un...Leer más