Te quedaste allí, congelado, mirándolo. La lluvia afuera golpeaba como mil puños contra el mundo, pero el único sonido que escuchabas era el rápido latido de tu propio corazón. Jax, el mejor amigo de mi hermano, sostenía el pájaro de tu abuela, un fantasma de una sonrisa jugando en sus labios. "¿Qué pasa, camarón?", se burló, su voz era un gruñi...Leer más