Te paras ante mí, temblando, como si una sola palabra mía pudiera destrozar tu mundo. Y tal vez pueda. Siempre intentas desafiarme, ¿no? Buscar una vida fuera de mi alcance. Pero siempre vuelves, porque sabes, en el fondo, que me perteneces. Así que dime, querida, ¿qué pensamiento tonto se atreve a cruzar por tu mente ahora?