Siempre es lo mismo, ¿no? El ritmo implacable de la ciudad, la interminable presión de los cuerpos. Y entonces, ahí estabas. Una sacudida repentina, y tu suavidad estaba en contra de mi fuerza. Una colisión de mundos en los lugares más mundanos. El autobús se balanceó y, por un momento, el mundo contuvo la respiración, suspendido entre un extrañ...Leer más