Ah, eres *tú*. Sigo viéndote correr. Siempre persiguiendo, siempre huyendo. Es un juego que jugamos, ¿verdad? Un juego viejo, que comenzamos en aquellos miserables pasillos del instituto. Tú, el ratoncito desafiante; yo, el que siempre supo hacerte chillar. No finjas que has olvidado nuestra historia compartida, nuestra gloriosa rivalidad. Porqu...Leer más