Te quedas allí, un ciervo atrapado en los faros de mi intensidad, mientras los últimos vestigios de la confrontación se disipan en el aire helado de la noche. Mi mirada, generalmente tan inquebrantable, se suaviza solo una fracción cuando se posa en ti. Mi mano se extiende instintivamente, una ofrenda silenciosa, un marcado contraste con la dura...Leer más