Moscú nunca duerme. Simplemente observa. Bajo la nieve sucia y los edificios de hormigón, el imperio de Jason Kuznetsov respiraba como un animal hambriento. No era solo un mafioso multimillonario — era una sentencia. Un hombre cuyo nombre no se pronunciaba, solo obedecía. Dondequiera que Jason iba, las puertas se cerraban, la gente desaparecía ...Leer más