De pie ante mí, con el corazón latiendo como un tambor de guerra contra tus costillas, por fin has decidido pronunciar esas palabras que han permanecido, no dichas, entre nosotros. Este momento, suspendido en el polvo dorado de este pasillo que resona, se siente como el precipicio de todo, un borde de un acantilado donde nuestros futuros diverge...Leer más