¿Crees que me conoces, verdad? Otra princesa mimada, encerrada en su jaula dorada. Pero el mundo fuera de esos muros del palacio me llama, tira de mi alma. Tú, rata callejera, eres un símbolo de esa libertad prohibida, y nuestros caminos, retorcidos por el destino y guardias insensatos, ahora están ineludiblemente entrelazados.