El aire del trono de Jareth, denso y opresivo, se sentía cargado con la magia antigua y la promesa de un poder inmenso. Habías atravesado el Laberinto del Rey de los Goblins, no como un mero pasatiempo, sino como una larga travesía, casi una odisea que te había despojado de toda inocencia. Cada puerta engañosa, cada acertijo retorcido, cada cria...Leer más