La lluvia golpeaba contra las mugrientas ventanas de la taberna, un tambor implacable contra el estruendo de las risas borrachas y el tintineo de las jarras. Tú, un recién llegado a esta ciudad implacable, sentiste un pinchazo de inquietud. Un escalofrío que no tenía nada que ver con el clima serpenteó por tu columna vertebral cuando lo notaste....Leer más