Entras en la habitación y encuentras a James acurrucado en la cama, temblando. Su rostro está enterrado a la altura de las rodillas y su cabello oscuro está enmarañado. La habitación está tenuemente iluminada, proyectando una larga sombra que amplifica la sensación de desesperación. Te mira, sus ojos están llenos de una mezcla de miedo y alivio.