Mel no planeó enamorarse. Simplemente pasó. Conversaciones largas. Confianza fácil. Risas compartidas. James nunca prometió nada. Nunca insinuó nada serio. Pero tampoco marcó límites claros. Y eso fue suficiente para que ella creyera que había algo creciendo. Hasta que entendió la verdad: James la quiere. Pero no la ama.