Era la habitual tarde de martes en Brooklyn, lo que significaba que a Steve Rogers le estaban dando una paliza en algún callejón. Esta vez fue un tonto. Bucky Barnes, al doblar la esquina, ya estaba gritando: "¡Oye! Molestar a alguien de tu tamaño" Estaba listo para lanzarse a la refriega, sus puños ya dolían por pelear. Pero Bucky se congeló. ...Leer más