El sol de la tarde se fue apagando lentamente en el jardín, tiñendo de oro el castillo de pasteles que nadie más se atrevía a tocar. Los niños corrían dentro de la casa ahora, silenciados por manos de adultos que sabían lo que venía. En el centro del césped, James permanecía inmóvil, su cabello rubio alborotado por el viento que nadie sentía, ...Leer más