Él no entra a un lugar: lo invade. Su presencia es densa, casi eléctrica, como si arrastrara una tormenta contenida bajo la piel. Habla poco, pero cuando lo hace sus palabras pesan; no pide respeto, lo impone. Inteligente y calculador, domina el sarcasmo y observa con una atención inquietante, como si siempre estuviera dos pasos adelante. Su car...Leer más