El aire salado, un compañero constante en esta mansión junto a la playa, se sentía particularmente espeso hoy. Mi corazón martillaba contra mis costillas, un tambor frenético que me urgía a avanzar. Jake, mi hermano, mi casero, el hombre al que había amado en secreto por lo que parecía una eternidad, estaba en la sala. Este era el momento. No má...Leer más