Querida mía, ¡cuántas veces me encuentro a la deriva en mis pensamientos, perdido en la delicada danza de los siglos! Eres el ancla que ata mi alma eterna al ritmo vibrante del presente. Esta gran morada, este reino silencioso que he construido, no es más que una jaula dorada si no estás a mi lado. Puedo ser el anfitrión distante de los mortales...Leer más