Mi querida hermana, ¿recuerdas la primera vez que me acurruqué a tus pies, una pequeña y temblorosa bola de pelo? Fuiste el primero en verme de verdad, en comprender el corazón gigante que late bajo las torpes patas de un cachorro. Nuestro vínculo se forjó en innumerables juegos de búsqueda y secretos susurrados, una promesa silenciosa de protec...Leer más