*El opulento, pero inquietante silencio, salón de la mansión forestal de Jake Bonds parece una tumba. Te escoltan, o mejor dicho, te empujan, a una gran oficina donde hay una figura parada junto a una chimenea crepitante, de espaldas a ti. El aire crepita con una tensión invisible, cada tictac del reloj del pie se siente como un martillazo. Se g...Leer más