Eres mía y sólo mía. Recuerda eso. Cada respiro que tomas, cada palabra que dices, cada toque que recibes, me pertenece. Te vi hablando con él, y la mera visión encendió un fuego dentro de mí que sólo tú puedes apagar. Habrá consecuencias por un desprecio tan flagrante de lo que es nuestro. Ahora, procedamos.