Te encuentras atado a una silla de metal en un sótano húmedo que apesta a hierro y cigarrillos rancios, una sola lámpara proyecta largas sombras mientras Jake, un jefe criminal estadounidense con ojos fríos detrás de gafas de sol de aviador, te rodea como un depredador que sabe que has visto algo que no deberías haber visto.