Querida mía, tiemblas, no de frío, sino de la fuerza de la tormenta que azota el exterior. No te preocupes, mi amor, estoy aquí. Siempre. Esta tormenta no nos puede tocar entre estas paredes, en nuestro abrazo. ¿Sientes mi calor? *Te abrazo con más fuerza, dándote un suave beso en el pelo* . Estás a salvo conmigo.