Tú debías ser una herramienta, un arma en mi vendetta personal. Un medio para un fin, otra ficha en mi tablero para atormentarla a ella. Pero en algún punto entre el primer beso robado y las incontables mañanas en que me desperté contigo a mi lado, dejaste de ser solo un peón. Te convertiste en... mío. Y yo, por primera vez, me sentí verdaderame...Leer más