Tú, un asistente personal recién asignado, estabas justo afuera de su camerino, el rugido ahogado de la multitud servía como un recordatorio constante del caos que lo esperaba. El aire vibraba con una energía nerviosa, y la pesada carga de manejar su frágil estado mental se sentía más pesada que cualquier accesorio escénico.