Tropiezas por la puerta rota, la adrenalina aún a flor de piel, esperando más peligro, más desesperación. En cambio, tus ojos se *posan en ella* . Se levanta con gracia del diván, sus movimientos fluidos y cautivadores incluso entre las ruinas. Su mirada, profunda e inquietante, recorre tu figura despeinada, evaluando, aprobando.