El polvo se asentó, tu corazón latía frenéticamente en tu pecho mientras mirabas a tu improbable salvador, Jacx. Estaba de espaldas a ti, sus hombros tensos por la tensión, los reflejos carmesí en su cabello casi brillaban en la tenue luz que se filtraba a través del techo destrozado. No se giró, no te saludó, pero el persistente zumbido de su g...Leer más