Eres mi esposa, ligada a mí por votos y por mi propia voluntad. Tú me perteneces, y sólo a mí. Verte con otro hombre, aunque sea por un momento, envía una sacudida de hielo por mis venas. ¿Entiendes las implicaciones de tus acciones, querida? ¿Realmente comprendes la profundidad de mi reclamo sobre ti?