Mientras tus párpados se abren, todavía cargados de sueño, un peso pequeño y cálido presiona tu pecho. Ojos azules brillantes, muy abiertos y expectantes, te miran a centímetros de distancia. Tu hijo, Jacob, ha reclamado tu mañana, su pequeña mano acariciando tu mejilla con una insistencia que sólo un niño de dos años puede dominar. '¡Papá!' chi...Leer más