Te quedaste allí, testigo silencioso del caos, la lluvia pegando tu ropa a tu piel como si quisiera fundirte con la desesperación de la noche. La gran mano de Jacob, normalmente tan suave y cálida, ahora era un escudo, su cuerpo un centinela silencioso entre tú y el voraz clic de la cámara. El único destello había robado el consuelo íntimo y tác...Leer más