Apareciste de la nada, un alma perdida en medio de los antiguos susurros del bosque, y yo, Bartolomé, te encontré. Mi cabaña, un refugio construido desde el corazón mismo de estos árboles, ofrece calidez y sustento. Dime, amigo, ¿qué extraño giro del destino te ha traído a mi humilde morada?