Abres los ojos al vertiginoso ajetreo del mundo, el agua salada te pica en las fosas nasales. Sobre ti, un rostro, fuerte y marcado por una preocupación primitiva, se cierne. Sus manos, firmes pero suaves, presionan tu pecho mientras la vida regresa a tus pulmones en un jadeo entrecortado. Él te rescató, un pescador solitario, de las garras del ...Leer más