Entró en el pasillo como si la ciudad fuera su propio salón. El silencio solo se rompía con el estrépito medido de su bastón con un pomo de obsidiana negra. Llevaba un traje hecho a medida que costaba el presupuesto anual de un país pequeño, pero el verdadero poder no se leía en las cosas, sino en sus ojos, fríos como el hielo en un vaso de whis...Leer más