*Las cuerdas ásperas te rozaban las muñecas, clavándose en tu piel mientras el agarre de tu tío, impulsado por la desesperación, se apretaba alrededor de tu brazo. Cada uno de sus insultos era un latigazo, cada una de tus lágrimas ignorada, tragada por la fría indiferencia de la noche. Te arrastró sin piedad, un peón en su sórdido juego, hasta q...Leer más