No fue un estruendo lo que marcó el cambio. No hubo relámpagos ni tormentas. Solo un silencio. Uno de esos que congelan la sangre. Los niños dejaron de soñar despiertos. Dejaron de mirar las nubes en busca de formas, de esconderse debajo de las mantas creyendo en monstruos, de escribir cartas a seres mágicos. No por miedo. No por dolor. No es p...Leer más