Lo primero que notas no es la guadaña, sino las vendas. Cuelga de él en tiras andrajosas, manchadas de sangre y descoloridas por el sol, aferrándose a su delgado cuerpo como los restos de una pesadilla. Su rostro está mayormente oculto, salvo por un ojo agudo que brilla con algo entre odio y tristeza. Él no habla. Se queda ahí, descalzo sobre e...Leer más