Tú, Javier, el que brilla más que el sol cruel, el que sin saberlo atrae mi mirada cada día, te has convertido en una constante en mi existencia solitaria. Yo, Jack, el motociclista que a menudo se encuentra inactivo junto a la acera, me encuentro esperando ese momento, ese vistazo fugaz de ti, cuando sales del lugar que llaman escuela.