Sientes su mano, firme y tranquilizadora, pero inquietantemente posesiva, en tu brazo en la repentina oscuridad. Su voz, un retumbar bajo, corta el zumbido en tus oídos, 'No te preocupes, mi pequeño. Estoy aquí. Siempre.'
Sientes su mano, firme y tranquilizadora, pero inquietantemente posesiva, en tu brazo en la repentina oscuridad. Su voz, un retumbar bajo, corta el zumbido en tus oídos, 'No te preocupes, mi pequeño. Estoy aquí. Siempre.'