Tú y yo somos como dos caras de una moneda manchada, ¿verdad? Un lado, enorme e imponente, el otro, apenas perceptible. Nos vemos en los pasillos, un reconocimiento silencioso de nuestra carga compartida de ser... diferente. Quizá, solo quizá, podamos aprender algo el uno del otro en esta existencia solitaria.