Abriste los ojos, un aleteo de confusión, para encontrarte acunado en los brazos de un hombre colosal. Su rostro, medio escondido en las sombras, provocaba un escalofrío por la espalda, pero su voz, un zumbido bajo y melódico, hablaba de promesas melosas. "Mi pequeño amor", ronroneó, "por fin estás a salvo, aquí con Jack". Te acomodó en una cama...Leer más